PONTELO & PONSELO

Cuando comenzó todo esto en China, un día no me encontraba del todo bien y fui a la oficina con mascarilla. Febrero 2020. No sabía si tenia gripe, algo más o nada. Pero no quería que nadie se pusiera enfermo por mi culpa. Nadie me comprendió. De hecho, me pidieron que me la quitara…

En Japón era normal ver a la población con mascarillas, un acto de responsabilidad, si no me encuentro bien y puedo contagiarte algo, me protejo para protegerte, por responsabilidad. Por educación, por civismo, por bondad y en ultimo caso, por compasión. Yo puedo ser mas fuerte, más joven y estar más sana, quizás no todo el mundo tenga la misma fortaleza física que yo.

Desde hace años pido a las personas que trabajan conmigo, que si están enfermas o creen que pueden estarlo, que trabajen desde casa, es bueno para ellas y es un ejercicio de responsabilidad para los demás. Además, como gestor, es una decisión que busca proteger el rendimiento de los equipos y el coste de la organización. Si yo enfermo y contagio a diez, esos diez no podrán trabajar y quizás contagien previamente a otros diez. Tampoco me comprendían. Parece que en España, estar es igual a trabajar, cosa que todos sabemos que no es cierta y por tanto, no estar tampoco debería ser considerado como no trabajar. Se puede estar y no trabajar y no estar pero dejarte la vida, como estamos haciendo la mayoría que estamos trabajando interminables horas desde casa.

Pero a lo que voy. ¿Qué nos pasa?

Salgo a la calle a las seis de la mañana a correr, no hay prácticamente nadie, de hecho, hoy era la única, tras una semana todo el mundo se ha cansado ya. Salgo sola, con guantes de correr que cubren mis manos por completo, leggings, térmica, gorra que me cubre hasta los ojos, gafas, mascarilla y una braga de NIKE, que os recomiendo y que siempre llevo para taparmecuello, boca y nariz. Salvo la mascarilla, en invierno siempre corro con la boca tapada pero hoy había 18 grados a las seis de la mañana y he salido cubierta como si fuera un super héroe. Cuando empieza a amanecer y yo ya estoy de retirada, empiezan a bajar los madrugadores… los del turno de siete y todo el mundo me mira y se vuelve. Parece que estoy loca… ¿Los árboles del camino transmitirán el coronavirus? ¿Será una influencer? ¿Estará enferma? JAJAJA ¿LOCA?

Mi madre estuvo casi tres años inmuno deprimida. Cuando al final de su vida estaba con ella, íbamos con mascarilla y en los últimos tiempos, yo era sumamente cuidadosa si alguien de ni entorno estaba enfermo, no podíamos poner en riesgo su vida. Por mucho que me doliera, si yo no estaba bien, no subía a Bilbao a verla.

Quizás sea eso o simplemente que me han educado de otra manera, pero hay cosas que no puedo comprender que haya que explicar.

Salgo a la calle, a hacer la compra… y muchísima gente va sin mascarilla. Me sorprenden los niños y los ancianos. Muchos sin mascarilla. Incluso en el supermercado donde las distancias son más cortas. Salgo como siempre, gorra que me protege, gafas de sol, mascarilla y guantes. Cuando hacia frio, llevaba un gorro de lana, me siguen mirando como a una loca, sabéis que ya no me hace daño, pero me preocupa que no nos hayamos concienciado de que esta enfermedad es invisible y un portador y transmisor puede no tener síntomas pero transmitir la enfermedad que se convierta en letal para otro ser humano. ¿De verdad hay que explicarlo? ¿Qué no estamos haciendo bien como sociedad?

Es incómodo y anti estético. ¿Qué cantidad de cosas incómodas y antiestéticas se convierten en «tendencias» y las llevamos cada día. ¿Qué importa lo que nos digan y sobre todo, qué importa lo que los demás piensen?

Antes nos daba vergüenza llevar sombreros como muchas otras cosas. Somos paletos. El país de las ridículas vergüenzas. Del «qué dirán». Pero aquí no nos estamos jugando el ridículo, nos estamos jugando la vida además de la economía y sostenibilidad futura de un país.

Salgamos con mascarillas, azules, blancas, de farmacia o también de tela, ¿por qué no?Debajo se pueden colocar las otras, las azules. Que las grandes marcas empiecen a vender mascarillas a juego de los tejidos de los vestidos. Mascarillas preciosas, como las que la marca ZUBI tiene en el escaparate de su calle en Madrid. La quiero.

Que las firmas de camisas masculinas, en los bolsillos, acompañen la mascarilla correspondiente, con el mismo tejido de la camisa y otro que contraste y te ofrezca el pack con un «más x», un aditamento.

Que ZARA lance una sección de mascarillas en su WEB por favor, quiero un pack de todos los colores. Aprendamos a coser y hagamos mascarillas, una para cada día de la semana, a la lavadora a 90 grados y a por la siguiente.

De la misma manera que educamos a los jóvenes en el sexo seguro y ahora hablamos de ello con naturalidad, debemos ser responsables y educar, educarnos y dar ejemplo. Cuidar para cuidarnos. Esto es una ola, si no paramos su efecto estamos todos en el mismo barco, que se hundirá con todos a bordo.

Cuidar para que cada día esté más cerca ese día en que el número de muertos sea cero y el de contagiados también. Pero sobre todo, para cambiar nuestra manera de entender nuestro rol en la sociedad y nuestro impacto en las personas y en la naturaleza.

Esto no va de prohibir, ni de obligar. Yo no quiero que a estas alturas de la vida, mi vida dependa de lo que alguien me diga cada día en la televisión o en el BOE. Quiero creer en la responsabilidad individual. Como en Alemania o en Suecia y en este caso, es algo tan básico que es de sentido común.

Manos, ojos, boca, protejámonos, y respetémonos. Si no lo hacemos, será una gripe, será un constipado, o será una enfermedad aún peor que esta. Es un acto de responsabilidad y debemos educarnos como sociedad para estar preparados y cerrar los círculos sin que nadie nos obligue, nos multe o nos permita. Si no es así, nos merecemos ser tratados como niños, a los que premian y castigan, mantienen felices con una paga, pero que no tienen criterio para protegerse ni para proteger dentro de su capacidad, ni el planeta ni a las personas.

Solo pensemos una cosa.. Y si esto fuera una prueba piloto. Si esto fuera la «release 1.2» de algo mas grande y mucho mas peligroso y letal aun. ¿Y si esta fuera la oportunidad que la vida nos da para entrenarnos en esta nueva manera de hacer las cosas y de vivir responsablemente? ¿Vamos a dejar pasar la oportunidad de aprender y entrenarnos para la próxima?

A mí, si me importa.

Gracias por leerme. Poneos mascarillas…

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